Desde que era muy pequeña, Camila sintió que el mundo la miraba diferente. Dentro de la panza de su mamá, el cordón umbilical se enredó en su brazo izquierdo y le cortaba la circulación. Con apenas 13 días de vida, los doctores le dijeron a sus papás que tenían que amputarlo.

Desde niña, corría y trepaba a los árboles como cualquier otra. Aunque desde que nació su vida ya llevaba el sello de la diferencia, el brazo no le impedía hacer nada, gracias a la fortaleza y el cariño de sus padres, quienes le enseñaron que podría lograr cualquier cosa. Su madre la animaba a alzar la cabeza y caminar con confianza, a no sentir vergüenza, a saber que las diferencias solo nos hacen únicas y fuertes.

En casa, Camila aprendió a cocinar, a cortar, a crear y a competir con su hermana en todo, hasta en la natación. Desde pequeña, el agua se volvió su refugio y su reto. Su madre fue su guía y su ejemplo, y Camila nunca quiso conformarse: también probó atletismo, gimnasia, danza y fútbol, hasta que la natación la ganó por completo.

Empezó en el equipo de su colegio, el Humboldt, donde era la única persona con discapacidad. Pero nunca quiso un trato diferente: entrenaba igual que todos y aprendía a adaptarse. 

En 2016, con 16 años, la invitaron a probar el deporte paralímpico y, aunque al principio dudó porque no se sentía distinta, llegó el momento que cambió su vida: ganó su primera medalla, y recibió la noticia desde Alemania de que era la primera mujer costarricense en clasificar a unos Juegos Paralímpicos. Ya ha participado en tres: Río ‘16, Tokio ‘20 y París ‘24. Cada uno fue diferente, con retos y aprendizajes, con amistades, triunfos y dificultades. 

Además, ha ganado medallas en dos Juegos Parapanamericanos: una plata en Lima 2019, y una plata y un bronce en los de Santiago 2023.

Hoy, Camila sigue entrenando para competir en Los Ángeles ‘28, y también sueña con apoyar a otros, desde la arquitectura (la carrera que estudia) y como líder del deporte paralímpico en el continente: es vicepresidenta de la Comisión de Atletas en el Comité Paralímpico de las Américas y representante nacional de atletas. 

Cada vez que una mamá o una niña le escriben para decirle que se animaron a nadar o a perseguir sus metas, Camila sonríe y se siente feliz, animando a que muchas más lo hagan, sin miedo.

Ilustraciones: Noelia Audisio. Visita su Instagram