Debi Nova comenzó a tocar el piano a los cuatro años, cuando a su hermano mayor le regalaron un teclado. Creció en Rohrmoser y asistió a la Academia de Música Moderna del Barrio Luján, donde nació su pasión por la música y su mamá la anotó en un programa para niños llamado Estrellitas. Todas las reuniones familiares terminaban en una gran sesión de canto.

Debi experimentó un período de rebeldía contra la música clásica entrando a la adolescencia, pero se reencontró con el piano a los 14 años. Con 16 años formó parte como corista de la banda costarricense Gandhi, abriendo como teloneros el concierto de Deep Purple, en 1998.

Con 17 años, Debi se mudó a Los Ángeles (EE UU) para estudiar música. Esta mudanza fue un gran paso en su carrera. Posteriormente, realizó giras con grandes músicos como Sergio Mendes (a los 19 años, incluyendo una gira por Japón), Ricky Martin y Franco de Vita, y con artistas anglosajones como Britney Spears, Black Eyed Peas, Mark Ronson o Sean Paul

Su canción One Rhythm fue número 1 en 2004 en la lista Billboard Dance Club en EEUU y apareció en el videojuego FIFA 2005. 

En 2010 lanzó su primer álbum de estudio, ‘ Luna Nueva’, y publicó el sexto, ‘Todo puede convertirse en canción’, en 2025. Tiene una nominación a los premios Grammy, cuatro a los Grammy Latinos y ganó uno por ‘3:33’, como ingeniera de sonido.

Utiliza su música y plataformas para inspirar y empoderar a las mujeres (como el pódcast Círculos 3:33). Ha participado en campañas contra la violencia de género, como la campaña “UNITE” de Naciones Unidas con la MTV, que buscaba combatir la violencia contra las mujeres.

Ilustraciones: Noelia Audisio. Visita su Instagram

¿Cómo recuerdas tu infancia en Costa Rica?

Nací en San José y recuerdo una infancia muy feliz. Soy la menor de tres hermanos, así que siempre fui la más chineada de la casa. Crecí en Rohrmoser y tengo muchas memorias de jugar en los parques del barrio. 

Toco música desde los cuatro años, pero fue en la adolescencia cuando realmente se convirtió en mi pasión, o al menos cuando fui más consciente de ello. Siempre estuvo presente en mi vida, pero fue en la adolescencia que me metí de lleno. 

Hubo un lugar muy especial en esos años: la Academia de Música Moderna, en Barrio Luján. Ese fue mi refugio, donde pude desarrollar mi pasión por la música.

A los cuatro años empezaste a tocar el piano, ¿cómo influyó ese primer contacto con la música en tu posterior pasión por cantar y componer?

¿Cómo fue empezar tan joven en la música? ¿Qué desafíos tuviste?

Los primeros años en el programa Estrellita me encantaban porque era un programa para niños. Se empezó a poner más difícil en la preadolescencia, a los 12 o 13 años, cuando mi mamá decidió que lo mejor era darme una formación en música clásica. Comencé a estudiar piano clásico y, como es normal a esa edad, lo que yo quería era estar afuera con mis amigos, no practicando piezas clásicas.

Entre los 12 y los 14 años tuve un momento de rebeldía contra la música, pero algo cambió a los 14. Creo que tuvo que ver con que estaba en clases de ballet. Algo del movimiento corporal con la música despertó mis ganas de tocar y mejorar. Me conecté mucho con el piano, que diría que es mi instrumento madre. Más adelante descubrí mi voz y también mi voz como compositora, pero el piano fue la primera llama que encendió todo.

Tuviste una banda juvenil y de ahí a Gandhi, antes de irte a Estados Unidos

Era una banda de mi colegio. También cantaba coros con Gandhi; tenía 16 o 17 años cuando recibí la llamada de Máximo Hernández, el baterista, que buscaba cantantes. Audicioné y esa fue mi primera experiencia profesional. Me fui de gira con ellos a Guácimo, me acuerdo perfectamente.

Con Gandhi abriste un concierto para ¡Deep Purple!

Sí, esa fue una de mis máximas experiencias. Estaba en quinto año del colegio y le abrimos el concierto a Deep Purple. Fue una de las primeras veces que estuve en un recinto de ese tamaño. Fue maravilloso.

A los 17 años te mudaste a Los Ángeles para continuar tus estudios. ¿Qué te motivó a dar ese paso tan joven y cómo fue adaptarte a otro país?

¿Cómo recuerdas esos primeros años sola en Estados Unidos?

Al principio fue emocionante. Sentí mucha libertad, sentí que estaba cumpliendo mi sueño. Pero con los meses llegó la carga de la soledad. Vivir sola a los 17 años fue duro. Al final del curso caí en una depresión.

Llegar a un país extraño, aunque uno esté feliz, es difícil. Adaptarse, el costo de vida, aprender a cuidarse sola… todo fue un reto. Regresé a Costa Rica pensando que no iba a volver a cantar, pero me duró poco. Después recuperé las ganas y volví a intentarlo.

Profesionalmente has trabajado con artistas muy reconocidos como Sergio Mendes, Ricky Martin o los Black Eyed Peas. ¿Qué aprendiste de esas colaboraciones?

Cada oportunidad fue una gran escuela. Sergio Mendes fue el primero con quien trabajé en Estados Unidos. Me fui de gira a Japón con él cuando tenía 19 años. Aprendí muchísimo, no solo en destrezas vocales, sino también en lecciones de vida

Con Ricky Martin y Franco de Vita estuve de gira por meses. Todo eso fue mi verdadera universidad.

Tu canción “One Rhythm” llegó al número uno del Billboard Dance Club y apareció en el videojuego FIFA 2005. ¿Cómo asimilaste ese éxito internacional?

Has sido varias veces nominada al Grammy y ganaste un Latin Grammy. ¿Qué significado tienen para ti esos reconocimientos?

Al principio me costaba creérmelo. Sentía mucha responsabilidad, como que tenía que seguir creciendo.

Con los años he aprendido a recibirlo mejor. Me siento orgullosa de seguir haciendo música, porque es una carrera difícil, especialmente siendo de Centroamérica y siendo mujer.

Lo que más me llena es cuando chicas jóvenes me escriben diciéndome que, gracias a eso, sienten que ellas también pueden. Ese es el premio más grande.

También participaste en Dancing with the Stars, en Estados Unidos (2010) y Colombia (2017). ¿Cómo fue esa experiencia?

En Estados Unidos presenté mi sencillo “Drummer Boy”. Fue de las experiencias más emocionantes y estresantes de mi vida; televisión en vivo ante millones de personas.

En Colombia, ya como participante, fueron tres meses bailando. Me lo disfruté muchísimo. No soy bailarina, pero me reconectó con la danza, que había dejado 19 años atrás. Desde ese programa no he dejado de bailar.

En julio presentaste tu sexto álbum, Todo puede convertirse en una canción, que mostraste en octubre en Costa Rica. ¿Qué significa el país para ti y para tu carrera?

Desde la pandemia paso más tiempo aquí, más o menos la mitad del año. Costa Rica es mi casa. No hay escenario como presentarme aquí.

Debo mi camino a este país, aunque haya hecho muchas cosas fuera. Ser artista costarricense me desafía y me impulsa a seguir. Me siento muy orgullosa de ser de aquí.

Además de tu carrera musical, creaste el videopodcast Círculos 3:33, sobre empoderamiento femenino. ¿Qué te inspiró a hacerlo?

Nació naturalmente en 2020, cuando presentaba mi álbum 3:33. Lo lancé en círculos de mujeres, en espacios seguros. No quería salir al mundo sola, sino acompañada.

La experiencia fue tan linda que, cuando llegó la pandemia, con mi partner Melissa Quirós decidimos seguirlo de forma virtual. Luego lo convertimos en un podcast para llegar a más personas.

No tiene fines de lucro; todo lo que genera se dona a fundaciones que ayudan a mujeres. Es un proyecto que hacemos por pasión.

¿Por qué es importante para ti inspirar a otras mujeres y niñas?

¿Quiénes eran tus principales influencias?

En los 90, como pianista, escuchaba mucho a Fiona Apple, Tori Amos, Sheryl Crow y Erykah Badu. Eran mis diosas adolescentes.

Tu música mezcla muchos ritmos y culturas. ¿Cómo ves el poder de la música para conectar?

Lo que me encanta es que la música no tiene reglas ni fronteras. Muchas veces escuchaba canciones en inglés sin entender las letras, pero igual sentía lo que transmitían. Eso demuestra su poder: la música va más allá de las palabras, nos conecta en el cuerpo, en la frecuencia, en la emoción.

¿Qué mensaje les darías a las niñas costarricenses que sueñan con seguir sus metas?

¿Cómo ha cambiado tu vida ser mamá y cómo combinas la maternidad con tu carrera?

Seguimos aprendiendo. No es fácil; requiere sacrificio y mucha ayuda. No podría hacerlo sin el apoyo de mi mamá, mi hermana, mi niñera y mi esposo. A veces me pesa no estar con mi hija, pero también me alegra que me vea realizar mis sueños. Cuando estoy con ella, estoy con ella de verdad.

¿Qué valores esperas transmitirle como madre y mujer?

He aprendido que todo comienza por mí: cómo me trato, qué permito en mi vida. Puedo decirle una cosa, pero si hago otra, ella aprenderá de mis actos.

Tener hijos nos obliga a vernos a nosotros mismos. Lo más importante es vivir de forma coherente, porque eso es lo que ellos absorben.