Carmen nació en Cartago en 1928, en el seno de una familia que pronto tuvo que enfrentar grandes retos. Cuando apenas tenía tres años, el negocio de telas de su padre fracasó y se mudaron a San José, donde ella y sus hermanos aprendieron desde muy pequeños el valor del trabajo duro para ayudar a su familia. El desafío más grande llegó a los siete años: Carmen enfermó gravemente de poliomielitis, una enfermedad que afecta al sistema nervioso, y su abuelita llegó desde España (su papá era español) para cuidarla.

Lejos de rendirse al estar en casa, Carmen convirtió su habitación en un portal hacia otros mundos. Ahí leyó filósofos como Platón y grandes autores como Jules Verne y Emily Dickinson. Siendo adolescente, ya escribía discursos de solidaridad, demostrando que su voz tenía el poder de inspirar a otros, y los leía ante el club local del que formaba parte su papá.

Estudió Filología Hispánica en la Universidad de Costa Rica y posgrados en México y EE UU. Muy joven trabajó en la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS).

Su talento la llevó a trabajar para las Naciones Unidas en Venezuela. Allí, la nostalgia por su país la inspiró a escribir su primer poemario, ‘Canción de la ternura’ (publicado casi diez años después). Volvió a Costa Rica y trabajó en el ICE, donde redactó la ley de nacionalización eléctrica y después regresó a la CCSS, donde participó en la universalización del Seguro Social.

Carmen fue una mujer de vanguardia y transgresora. En un mundo donde los puestos de liderazgo eran solo para hombres, ella rompió todas las barreras. Fue la primera mujer en ser ministra de Cultura en Costa Rica. Además, trabajó incansablemente con UNICEF para proteger a la infancia y fue una líder fundamental en la creación de la Ley de Igualdad Real, luchando por los derechos de todas las mujeres costarricenses. También fue directora del Museo de Arte Costarricense.

Como escritora, renovó la literatura del país hablando de la vida urbana y los problemas de la gente común en obras como ‘Los perros no ladraron’. Su brillantez la convirtió en la primera mujer en ingresar a la Academia Costarricense de la Lengua. Para Carmen, que publicó más de 40 libros, la palabra era un «relámpago» capaz de iluminar las conciencias y desafiar lo establecido. 

Recibió múltiples reconocimientos. Fue la segunda mujer en obtener el premio Magón (máximo galardón de la cultura en Costa Rica), varias veces el premio Aquileo J. Echeverría por sus novelas y, fuera de nuestro país, le concedieron la Orden de Alfonso X el Sabio (España) y la Orden al Mérito Docente y Cultura Gabriela Mistral (Chile), además de ser nombrada Doctora Honoris Causa por la Universidad de Santo Domingo (República Dominicana).

Ilustraciones: Noelia Audisio. Visita su Instagram