En 1902 nacía Emilia Prieto Tugores (hija de un magistrado de la Corte Suprema de Justicia y de una maestra española), una mujer multifacética: política, artista gráfica, educadora, cantante, compositora y estudiosa del folclore del Valle Central de Costa Rica. Desde muy chiquita, mostró curiosidad por todo: los colores del cielo, las canciones que salían del campo, los trazos que se formaban con lápiz y pincel. 

Se formó en el Colegio de Señoritas, estudió piano y francés, aprendió dibujo, pintura, y se convirtió en maestra en la Escuela Normal de Heredia. Emilia amaba la cultura costarricense, quería que su país conociera y valorara su propia identidad.

Cuando era maestra de dibujo y pintura, en los años treinta, descubrió algo maravilloso: las carretas campesinas, esas ruedas de madera, esos colores, esas figuras hechas con manos humildes. Pensó que eran una forma de arte, parte de la identidad costarricense, algo que no debía olvidarse. Así, organizó el primer desfile de carretas en Costa Rica, el 15 de septiembre de 1935. Cien carretas, llenas de colores y orgullo tico, recorrieron las calles de San José.

También trabajaba con grabados y escribía ensayos muy críticos con la sociedad. Algunas de sus obras no fueron entendidas al principio, porque señalaban con ironía, con crítica, las desigualdades, la condición de la mujer, el rol de los que tienen poder.

No le daba miedo comprometerse. Militó en el Partido Comunista y en la Alianza de Mujeres Costarricenses, formó parte de las fundadoras de la Liga Antifascista. Fue maestra del pueblo, fundó la Universidad Obrera, trabajó con organizaciones de mujeres, apoyó los derechos del niño. 

En 1948, en la represión tras la Guerra Civil, fue destituida como directora de la escuela Ramiro Aguilar y encarcelada por sus ideales.

Después de retirarse, Emilia se dedicó a investigar la música folclórica, las tonadas del Valle Central, esas canciones campesinas que contaban historias de nuestro suelo, de nuestras gentes. Publicó libros, colaboró en radio, recogía canciones, grabó discos donde ella misma interpretaba música popular.

Emilia no solo creó arte; construyó identidad, sembró respeto por lo nuestro. Murió en 1986 en San José, pero su influencia permanece: hay festivales con su nombre, premios, exposiciones y, sobre todo, una herencia fuerte en el corazón de quienes aman Costa Rica.

Ilustraciones: Noelia Audisio. Visita su Instagram