En una familia humilde de San Ramón nació Emma en 1901. Mientras otras niñas aprendían costura, ella se escondía en el techo de su casa para evitar esas clases; prefería perderse en los cuentos de hadas y los libros de la botica de su papá.
Emma quería ser maestra, y para lograrlo, su familia se mudó a Heredia para que pudiera estudiar en la Escuela Normal con una beca. Allí, sus profesores supieron de inmediato que ella era especial.
En 1920 comenzó a enseñar como maestra de primaria y con apenas 26 años fue nombrada profesora de Castellano y Ciencias Naturales de la Escuela Normal. En 1932 se convirtió en directora de preescolar y su trabajo le valió una beca en la Universidad de Ohio (EE UU), donde obtuvo un doctorado en educación, algo asombroso para una mujer de su época. Regresó a Costa Rica con una idea revolucionaria: la educación debía ser para la libertad, no para repetir como loros.
Pero Emma no sólo enseñaba en las aulas; también luchaba en las calles. Volvió al país a principios de los años 40, siendo una de las fundadoras de la Asociación Nacional de Educadores, de la que se convirtió en presidenta en 1947. Ese mismo año, lideró la ‘Marcha de las Mujeres’, donde miles de ciudadanas vestidas de luto exigieron respeto a la democracia y justicia. Fue una guerrera de la paz que ayudó a abrir el camino para que las mujeres en Costa Rica finalmente tuvieran derecho al voto.
Emma fue nombrada viceministra de educación Ad Honorem (eso quiere decir que no recibía dinero por ello) tras la Guerra Civil de 1948, y en 1953 se convirtió de forma interina en la primera mujer ministra de Educación en la historia del país, cargo que ocupó por apenas tres meses. También fue presidenta de la Asociación de Mujeres Universitarias, miembro destacado del Consejo Universitario y del Consejo Superior de Educación, y decana de la Facultad de Educación de la UCR. Su trabajo fue clave para el desarrollo de la educación y del profesorado en Costa Rica.
Como creía que los libros eran tesoros que debían estar al alcance de todos, organizó la primera Feria Nacional del Libro en 1954. Quería que cada niño y niña pudiera buscar su propia luz a través de la lectura. En 1958, escribió el libro Paco y Lola, con el que millones de costarricenses aprendieron a leer y escribir.
Emma falleció en 1976. Poco después, en 1980, fue declarada Benemérita de la Patria y en 1998, apareció su rostro sonriente en los billetes 10.000 colones, la primera mujer en la historia de Costa Rica en un billete.
