Anacleta nació en Cartago en 1809. No fue alguien común para su época: está considerada como la primera mujer que participó activamente en la política costarricense: se opuso al Golpe de Estado de Braulio Carrillo en 1838, por lo que fue desterrada del país, junto con su esposo el comandante Pedro Mayorga.

No pasaron muchos años hasta que volviera Costa Rica. Utilizó parte de su fortuna para apoyar al Ejército Nacional en su lucha contra los filibusteros de William Walker, donde no solo brindó su dinero, sino que lideró comités de mujeres para recolectar ropa, vendas y medicinas para los heridos. Pero no fue lo más importante que dio a la campaña, pues su hijo mayor, Zenón, murió en el campo de batalla. A pesar de su inmenso dolor, en 1857 encabezó el recibimiento de las tropas que volvían victoriosas a Cartago.

También fue gran filántropa, ayudando cuando podía a los más necesitados, donando parte de su fortuna para construir un centro de atención que albergaba a doscientas niñas huérfanas (el primero en Costa Rica) y ayudó la fundación de un hospital que atendía a setenta personas enfermas, 

Pero fue más allá. Anacleta comprendió que para que el país creciera, necesitaba buenas rutas para exportar su café y, junto a otras mujeres, financió la construcción del Puente de las Damas, en Atenas, una obra vital en su momento para la economía tica.

Anacleta murió en 1877. Los cronistas de la época la describieron como una «dama corajuda» y un «emblema de la patria».