La primera neonatóloga de Costa Rica, Carmen Moya, nació en 1927. Se crió desde los 6 años en Barrio Luján, donde su papá tenía una pulpería. Desde muy niña se interesó por la medicina. Fue en cuarto año cuando vio un esqueleto en clase de biología y desde entonces supo que se dedicaría a ello.

En esa época, la mayoría de las chicas estudiaban para ser maestras, y su familia se sorprendió muchísimo cuando ella dijo que quería ser doctora. Como en Costa Rica no había escuela de medicina, habló con sus papás, quienes la apoyaron para irse a estudiar medicina a Estados Unidos en 1945 y ¡en plena Segunda Guerra Mundial! 

Escribió a la embajada americana en San José para que le dieran un listado de universidades. Tuvo que ir para  EE UU a hacer las pruebas de admisión sin saber una palabra de inglés (aprendió el idioma recorriendo tiendas y supermercados con su profesora). Al aterrizar le dijeron que no podía tomar el avión que había reservado a Nueva York porque los vuelos estaban reservados para los soldados. Para no perder el examen, consiguió un billete de tren y allí un ángel en forma de soldado (que hablaba un perfecto español) le ayudó, comprándole el billete en la inmensa estación de NYC, dándole todas las indicaciones y enseñándole algunas frases en inglés para poder llegar a su destino. Estudió durante 8 años en las universidades de Rochester y Filadelfia, esforzándose muchísimo para no perder ninguna materia y no defraudar a sus padres.

Carmen regresó a casa y se convirtió en la primera neonatóloga del país (la especialista que cuida a los recién nacidos). Fue una pionera que, con las novedades que implementó, salvó muchas vidas e hizo que se redujeran mucho las muertes de bebés en Costa Rica

Creó el primer banco de leche materna, convencida de que la leche de mamá era la mejor medicina para que los bebés prematuros ganaran peso y sobrevivieran; trajo las primeras incubadoras abiertas y el sistema de transporte en ambulancia para bebés graves, algo que salvó miles de vidas. Además, creó un curso para entrenar a otros médicos; gracias a ella, hoy existen cientos de especialistas cuidando bebés en todo el país.

Carmen se tuvo que retirar en 1982 por una enfermedad. Los médicos le advirtieron que, si no lo hacía, moriría pronto. Les hizo caso y, desde entonces, ha colaborado en distintas causas ayudando a quienes más los necesitan. Con casi 100 años, continúa ayudando a los demás.