Ivette Cambronero fue pionera en la Ingeniería Civil en Costa Rica. Ingresó a la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Costa Rica en 1949, a donde llegó por un error: su sueño era ser profesora porque le apasionaban las matemáticas y una maestra le aconsejó que entrara a esta escuela, pues en esa época no existía una facultad de educación. Pese a no ser lo que ella pensaba al principio, al cruzar la puerta de la UCR, se enamoró de inmediato de la ingeniería.

Ivette cursó la carrera con estrecheces económicas, en una época en la que no existían becas ni facilidades de estudio; y en su casa no andaban sobrados de dinero. Los instrumentos para hacer las tareas eran muy caros y tenía que pedirlos prestados para cumplir con sus deberes. Pese a ser la única mujer en clase, sus compañeros la respetaban y la apodaron cariñosamente ‘la madrina’.

A los 22 años terminó sus estudios, pero postergó su graduación oficial porque estaba esperando al primero de sus cuatro hijos, así que fue la primera Ingeniera Civil egresada de la UCR, pero no la primera graduada (un honor que correspondió a Guadalupe Pérez).

Además de abrir camino a otras mujeres, Ivette rompió los moldes de su época: estando casada y con niños pequeños, decidió seguir estudiando, sacó adelante su tesis y construyó una destacada trayectoria profesional de más de 30 años en el Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT).

En el MOPT trabajó en áreas clave para el desarrollo de Costa Rica, como arquitectura escolar, puentes, transporte, obras por contrato y contratación de maquinaria. Se ganó una fama intachable por su rigor y honestidad; nunca aceptaba cosas mal hechas y vigilaba cada factura, ganándose la confianza de la Contraloría.