Las calles y montañas de Escazú vieron crecer a Stephanie Sheehy. Allí se crio jugando, estudiando, riendo…

Stephanie se dio cuenta hace años de que hay muchas personas que no podían disfrutar de la naturaleza como ella hacía de niña, o frente al mar en una hermosa playa, porque la arena suelta es una muralla imposible de cruzar. Durante mucho tiempo, esa fue la realidad de personas en silla de ruedas o con movilidad reducida. Pero en Costa Rica, ella decidió cambiar las cosas.

Todo comenzó cuando Stephannie y su esposo crearon una agencia de viajes y en 2012, tras asistir a una feria en España, descubrieron que miles de familias con discapacidad querían explorar la naturaleza, pero no encontraban hoteles ni transportes adaptados. Stephannie no se rindió: adaptó habitaciones de hotel, trajo microbuses especiales y fundó la Red Costarricense de Turismo Accesible, a la que se sumaron más personas y empresas.

Después, tuvo una gran idea: combinar el reciclaje con la solidaridad en el proyecto Donatapa. Stephannie descubrió que juntando unos 79 kilos de tapitas plásticas se puede construir una pasarela especial que se desliza sobre la arena. Con ello ha recuperado más de 300 toneladas de plástico. Gracias a esta idea, 17 playas del país tienen estos caminos reciclados y sillas de ruedas anfibias para que todos entren al agua.

Pero Stephanie no paró ahí. Creó el movimiento La Inspiración, donde diseña ropa fácil de vestir para muchas personas con discapacidad. Junto a Jairo, un gran artista que pinta con la boca, creó camisetas con causa. Por cada cinco camisetas vendidas, regalan un uniforme escolar adaptado a menores con discapacidad para que puedan estudiar sin barreras.

Gracias a su trabajo solidario ha ganado premios internacionales de turismo inclusivo y está dentro de la Junta Directiva del Instituto Costarricense de Turismo.