María Eugenia creció rodeada de cafetales, en el este de la capital. Siendo muy niña murió su hermano pequeño y, cuando apenas tenía 12 años, también su papá.

Siempre le gustaron los deportes: hacía natación, baloncesto, pesas, corría muy rápido… Pero no había probado con el fútbol y cuando lo hizo, fue por casualidad. Una amiga la invitó a una práctica de baloncesto en una finca y cuando llegó, ¡resultó que era de fútbol!  La mamá le dio permiso para ir (si hubiera sabido que era para fútbol no la habría dejado, estaba mal visto en aquellos años que las niñas le dieran patadas al balón). Por su altura, nada más llegar la pusieron en la portería y comenzó a atajar.

Así se convirtió en la primera mujer guardavallas del país, defendiendo la portería del Deportivo Costa Rica (considerado el primer equipo de fútbol femenino de América Latina y, muy posiblemente, del mundo). El equipo se formó en 1949 y debutó ante público en 1950, en el Estadio Nacional de Costa Rica, totalmente lleno, en un partido entre jugadoras del mismo conjunto, unas con indumentaria roja y otras de azul. Después, llegó una gira por distintos países, como Guatemala, Curazao, Panamá y Colombia. No fue sencillo, pues entonces no era considerado un deporte ‘femenino’, incluso en Bogotá tuvieron que jugar con faldita, pues pensaban que no era decoroso que vistieran con pantalón.

‘Maruja’, como la llamaban en el equipo, se retiró del fútbol en 1953. Durante esos años siempre la ponían como vocera, porque hablaba muy bien y tenía muy buena planta.

Tras su retiro (todavía no había cumplido 20 años) se casó y tuvo dos niñas. Estudió administración y abrió una librería en Guadalupe, donde vendía libros, material escolar, revistas o regalos. En esos años agrupó en una asociación a las pequeñas librerías del país para poder comprar mejor y vender a precios competitivos y que así la gente pudiera comprar sin tener que bajar al centro de San José.